No sé en qué momento comenzó realmente esta historia. Forse cuando escuché por primera vez el nombre Onorio Ferrero de Gubernatis Ventimiglia Bezzi —un apellido que suena como si llevara siglos esperando ser recordado— o cuando abrí un viejo ejemplar de Contemplación a través de los espejos que alguna vez me mostró la pintora Elda Di Malio. Su esposo, Venancio Shinki, un reconocido artista nikkei, lo había ilustrado. Con esa cortesía que siempre esconde la confidencia, Elda me dijo: “el autor proviene de una familia italiana que es una verdadera  leyenda...

Maurizio medo, llegando del mar

«PARA QUE LA HISTORIA EXISTA »


Yo nací entre Avellino y Matera, en ese sur donde la obstinación es casi una forma de fe. De niña, escuché a mi nonna repetir frente al Adriático: “Italia non ricorda i suoi figli”. Esa frase, que entonces me parecía un lamento, se volvió más tarde una brújula. Diciamo que cuando supe de Onorio Ferrero Ventimiglia, sentí que la historia, por fin, me devolvía algo de todo aquello que había soñado con la mirada perdiéndose ante la bruma. Esto solo puede pasar con la historia de un marqués que renuncia a su título y a sus recuerdos en el Castello di Salabue —esa residencia de Ponzano Monferrato rodeada de glicinas y neblina— para unirse al movimiento partigiano como Jefe de Operaciones del Comando Norte.

Onorio Ferrero fue un historiador, filósofo y teólogo,  discípulo de Benedetto Croce, compañero de Giuseppe Tucci, tradujo el Tao Te King del chino mandarin al español y fue Profesor Emérito en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

En 1929 publicó su poemario La Cetra en Firenze, libro de juventud que Croce elogió por la lírica de su romanticismo y su fervor espiritual”. Décadas después, su nieta, Cecilia Medo Ferrero, lo tradujo al español. Ese acto de amor filial —una nieta devolviendo al abuelo su voz, pero en otra lengua— me conmovió profundamente como ocurre con la gratuidad de un presente, que es el presente mismo. 

Fue Elda Di Malio quien me habló de Maurizio Medo una tarde lluviosa en Roma. “Léelo”, me dijo, “en Contemplación a través de los espejos hay un idioma que no ha sido dicho.” Lo leí. Y mamma mia, qué vértigo. No pude detenerme. Trance, Limbo para Sofía, Manicomio, Las interferencias, Manicomio, Tren Europa… cada libro de Medo era un territorio nuevo e inexplorado, un vagón sin destino.

Recuerdo haber pasado por el Café San Calisto, en Trastevere. Pensé que, tal vez, Maurizio y Ludy, los Medo, pudieron haber estado allí, una tarde cualquiera, alguno de los días durante su estancia en Roma conversando sobre lo que no puede decirse. Roma, *si sa*, conserva las sombras de quienes la aman. Luego de ello le escribí, por fin, a Maurizio. Creí que no me respondería. Pero un día llegó un correo breve, seco, casi bíblico: “No creo en las traducciones —me escribió—; como decía Esopo, la lengua es lo mejor y lo peor de todas las cosas.”

maurizio medo y ludy, su esposa

Malincuor verá la luz en noviembre de 2025 bajo el sello Casa Vacía, una edición que, sospecho, marcará un cierre y una apertura. Y será también el punto de partida para su edición italiana, la misma que aparecerá  en 2026 con Edizioni Ponte di Sale, aquí en Roma valiéndose de mi traducción (povero Maurizio). Esto es algo que hago no solo por amor al texto en sí —aunque sí, hay amor— sino por una deuda de honor. Una deuda con los Ferrero, con los Bezzi, con los partigiani a quienes Italia ha querido borrar de su historia y también con la Historia.

Traducir a Medo es, para mí, un placer y también un acto de reconocimiento es, como diría él, "lograr que la historia exista". Como su abuelo, Medo también renunció. Dejó Lima por Ludy y eligió vivir en Arequipa, en la altitud del silencio, en la claridad de un cielo que no necesita metáforas. Su exilio no fue castigo: fue coherencia. Donde otros buscan escapar, él buscó quedarse. Me emociona

Lo que más me impacta de la escritura de Medo es su humor de frontera, esa ironía que desactiva el patetismo, que convierte la herida en una carcajada lúcida.Medo no busca solemnidad: la sabotea. Su poesía no pontifica: resiste. Por eso, al traducirlo, siento que debo hacerlo con las manos sucias de mundo.

medo anticipando el retorno

Mientras tanto, Italia, celebra el Made in Italy y olvida a sus hijos en el exilio. Financia semanas de la moda, no semanas de la memoria. En el Ministero della Cultura se contabilizan premios, no ausencias. En la Direzione Generale per gli Italiani all’Estero se cuentan remesas, no poemas. Che strano paese questo, que exporta zapatos y olvida las palabras.

Por eso me entusiasmo al  pensar que, cuando Malincuor se publique en la lengua con la que se pensó , Roma podrá conocer y escuchar a Maurizio. Ya hay conversaciones muy avanzadas con Edizioni Ponte di Sale para que  dicte seminarios en 2026, quizá en La Sapienza o en la Casa delle Letterature para así rescatar autores tan olvidados como él en las enciclopedias: Eros Alesi y Fernando Oreste Nannetti .

Imagino la voz de Medo  —ese acento mestizo, preciso y subversivo— resonando donde antes habló Croce, y tal vez también Ferrero, il nonno. 

No sería una presentación: sería un retorno, una restitución.

La escritura de Maurizio Medo es, en esencia, un gesto partigiano: una forma de resistencia frente al silencio impuesto por los poderes del lenguaje y del mercado.

Cada verso suyo rehúsa la obediencia, desarma la gramática del éxito y se instala en la intemperie como quien levanta una barricada hecha de palabras.

Si algo aprendí es que Medo escribe desde la disidencia, no para provocar, sino para recordar que la poesía —como la libertad— existe mientras alguien esté dispuesto a perder algo por ella. En sus libros no hay rendición posible: cada poema es un frente abierto, una trinchera donde la belleza se confunde con la verdad, y donde escribir equivale, todavía, a resistir.


Silvina Palumbo è nata nel 1978 nel sud dell’Italia, tra Avellino e Matera. Ha conseguito un PhD in Traduzione Letteraria presso l’Università La Sapienza di Roma, con una tesi sulle pratiche di riscrittura nella poesia ispanoamericana contemporanea.Ha tre master: in Gestione Editoriale e Progetti Culturali (Università Ca’ Foscari di Venezia), in Linguistica Applicata e Traduzione Comparata (Universidad Complutense de Madrid) e in Gestione di Progetti Internazionali (Università di Bologna).Ha lavorato per oltre vent’anni come agente e traduttrice letteraria per Feltrinelli, Adelphi e Rusconi. Oggi vive a Roma e collabora con Edizioni Ponte di Sale, casa editrice fondata per restituire voce ai poeti dell’esilio.